Cómo vencer la timidez

por | Mar 31, 2018 | Artículo | 0 Comentarios

¿Te inquieta entrar a una fiesta donde no conoces a nadie? ¿O tener que socializar en un evento de

trabajo? Si es así, no eres el único. Los eventos sociales suelen provocar ansiedad, sobre todo cuando no estamos entre amigos y familiares. Si este malestar es muy frecuente en tu vida es muy probable que estés experimentando timidez.

La timidez no es lo mismo que la ansiedad social, que es mucho más intensa y limitante. La persona con ansiedad social siente un miedo anticipatorio, se angustia ante la perspectiva de interactuar con extraños. Al punto que decide no ir. Puede llegar a experimentar un ataque de pánico.

Volvamos a la timidez. Sin llegar a la ansiedad social, el malestar está presente.

La timidez (igual que la ansiedad social) no es una característica de personalidad establecida. Puede transformarse. Puede superarse.

Si experimentas timidez el primer paso es cambiar la interpretación de lo que te pasa, sacarte la

etiqueta. Decirte a ti mismo que eres tímido solo te hace permanecer en ese rol.

Puedes cambiar “soy tímido” por “Estoy tímido”. Cambiar el verbo da vueltas las reglas del

juego. No eres tímido, estás siendo tímido. Temporalmente. Estás en proceso de cambio. De progreso.

El segundo paso es observar tus pensamientos. Y tus emociones. “No sabré qué decir” “No les voy a caer bien” “No me hablarán”…. Todos estos pensamientos, y las emociones que generan, están centrados en TU persona. Es solo el modo primitivo en que funciona tu mente, que tiende a protegerte. A buscar el lugar seguro. Y la tribu de pertenencia.

Sin embargo, puedes cambiar tu mente a modo evolutivo; puedes redirigir tus pensamientos lejos de ti mismo y hacia los demás. Si te interesas por lo que le pasa al otro, te sorprenderá su respuesta. Todos, absolutamente todos los seres humanos deseamos ser aceptados. Y considerados. Quienes tienes delante tuyo también.

Hazte el propósito de mostrarte cálido y amable. Cuando estamos siendo tímidos tendemos a

comportarnos con distancia, a alejarnos. Estamos tan preocupados por la opinión del otro que

olvidamos preguntarles cómo están. Recuerda que a todos nos agrada que se interesen por nosotros.

Decide de antemano que esas personas te gustarán. Si estás pre-dispuesto a que encontrarás personas amables posiblemente tu percepción se alineará. Y en el peor de los casos, en un evento social no precisas anclarte a una persona que no desea tu conversación. No precisas creer que esto tiene que ver contigo. Focaliza en los demás. Su forma de reaccionar tiene mucho más que ver con su historia que contigo. Lo que hace la gente raramente es personal.

Si no sabes de qué hablar puedes utilizar preguntas abiertas. ¿Quién? ¿Cuándo? ¿Dónde? Estas

preguntas evitan las respuestas sí o no. Siempre cuidando de no invadir terrenos privados las preguntas abiertas son una invitación a conversar. Y puede que quien tienes delante también le esté costando mantener una conversación.

 

Los mensajes de texto cuando estás comenzando a salir  con alguien suelen ser causa de mucho stress y/o ansiedad. Las principales razones por las cuales puedes sentirte así son:

  1. La información que nos brindan los celulares sobre si el otro leyó el mensaje nos lleva a pensar que personas están disponibles para interactuar con nosotros en todo momento.
  2. no puedes leer el tono de un mensaje de texto, el lenguaje paraverbal (expresiones del rostro, tono de voz, postura) que comunica el 90 por ciento del mensaje se pierde
  3. La permanencia de los textos en pantalla facilita el comportamiento de releerlos repetitivamente.

Para calmar esta ansiedad precisas saber antes de donde proviene.

Todos tenemos un modo primitivo de comportamiento cerebral que cuando interpreta peligro dispara cambios a nivel físico para prepararnos para la huida o ataque. Son estos cambios físicos y sensaciones corporales las que vivimos como “ansiedad.”

Estamos diseñados para agradar a los demás. En épocas ancestrales nuestra supervivencia dependía de esto. Agradar a los demás y buscar pareja con el fin de reproducir nuestra especie era un asunto de vida o muerte. Esta es la razón por la cual sentirnos rechazados provoca una señal de alarma en nuestro cerebro primitivo, que se traduce en ansiedad

Esto significa que cuando te enteras o interpretas que no le gustas a alguien tu cerebro entra en pánico y tiende a producir pensamientos negativos para alejarte de la persona: “no le caí bien” “esto no va a funcionar” “no voy a formar nunca una pareja estable”.

Tu cerebro también está programado para buscar la aceptación del otro. Sientes que cuando esa persona te responde te calmas. Pero la espera, la incertidumbre y las posibles interpretaciones que puedas darle a los mensajes del otro pueden mantenerte en una montaña rusa emocional.

Cuando recibes una respuesta positiva, te tranquilizas. Parecería que la situación ha cambiado. Sin embargo, lo único que ha cambiado son tus pensamientos y tu interpretación de la misma situación. Es probable que luego de recibir un mensaje pienses en las líneas de “Le gusto” “tal vez por fin encontré a LA persona.”

Si la única diferencia en la situación pre y post respuesta del otro son tus pensamientos ellos son el camino para calmar tu ansiedad. Porque la realidad es que recibir el mensaje no es lo que te calma. Te calma lo que piensas al recibirlo (o no).

Si aún dudas de este hecho reflexiona: ¿todos tus amigos reaccionarían de la misma manera ante la misma situación?

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